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En un año de este siglo creí haber encontrado el lugar seguro que inconscientemente he perseguido desde mi juventud, ese lugar estaba conformado por unos brazos delicados y un pecho firme y entonces el mundo se transformó. Estuve levitando, cantando y la gran sensibilidad me desarrolló dones de los cuales no sabía la existencia. La poesía y las letras se adueñaron de mi y me entregué sin medir riesgos, sin contemplar un futuro fuera de mis sueños. Claramente el universo tuvo otros planes y el amor se escurrió por esos mismos brazos, se lo llevó el mar, una carretera y un par de aviones.